Stand de Poesía - oculto en el Pabellón Azul de la Feria del Libro

Sí señores!!!
Estuario en la Feria del Libro de Buenos Aires!
y con qué compañías!!
Bustriazo, Muñoz, Cófreces, Mileo, Escudero, el equipo de En Danza a pleno!!

desde su cuerpo encendido




desde su cuerpo encendido se veían las trescientas sesenta y cinco iglesias de bahía bajo la luz del sol la aldea de pescadores donde la mar deseaba morir la hierba verdinegra de chaitén las altas cumbres el nido del águila real era nave o trópico llameante la curva sombreada de su espalda en alas de un volcán sus dedos tatuaban estrelicias sobre papel de arroz y ella blanca roja dorada mieles o perfumes de amar

como todos los días de fiesta


como todos los días de fiesta te peinaron con agua de colonia te almidonaron el traje de marinero desde la sala de recibir se escucha el alboroto de la gente la banda municipal la marcha peronista y no entendés bien dónde está tu padre si es domingo ni por qué las mujeres disimulan con maquillaje la adustez del rostro viene la abanderada de los humildes al pueblo lo dice la radio van a repartir juguetes y caramelos en la estación son sólo niños las escuchaste susurrar en la cocina

la caravana lenta el gentío agazapado para verla como si fuera un santo un domingo de ramos como los reyes magos pero sin carbón un paquete de soldaditos una muñeca un trompo y vos también querías estiraste los brazos justo a tiempo para la pelota a rayas verde y roja pero más rápida que la vista tu madre le devolvió el pase un golazo en plena cara y el tiempo se quebró

se miraron la esposa del preso político la esposa del general perón tembló el sonido de los clarinetes por un segundo y eva alzó la mano a sus guardias para continuar la marcha

por recalde pasan los reyes magos...


por recalde pasan los reyes magos tal vez no en camello sino mas bien en un tordillo pardo enjaezado como para las fiestas mayas esta vez la menor de las niñas aguarda dibujando con tiza bajo el sol abrasador de la siesta a que ocurra el milagro para qué poner pasto se pregunta si todo es campo cielo y alambrado hasta donde la vista se pierde y no tendrán calor con esa ropa se pregunta la niña mientras el zumbido de las moscas es el único signo vivo debajo de la parra quién lava la ropa de los reyes sigue rumiando nancy las otras dos la miran fastidiadas cosas de chicos piensa gladys subida a sus nueve años

dos muñecas rubias y una negra el abuelo juan escondiendo paquetes en los techos los pasteles y los vestidos nuevos que la madre terminó de coser bajo la lámpara de querosén todo eso duerme ajeno a los dolores de cabeza esa rigidez de la nuca los mareos el viaje inútil a la capital esa pequeña caja blanca en el cementerio de olavarría

la costurerita




para nan mi nueva amiga costurerita




a meri siempre le brillan los ojos como si acabara de llorar mira con asombro como su gata briqueta a través de la ventana meri cose porque la abuela cose telas a lunares festones parches con hilos de color cuando la abuela llama desde la pampa hay debajo de sus párpados dos hojas de gomero lustradas por la lluvia cuando meri llama desde buenos aires chila vuelve a verla sentada en un banquito de madera vistiendo a la muñeca con un retazo de pañolenci azul

Palabras de Laura Yasán para la presentación de Estuario

Estuario de Marisa Negri
Ed. En danza, 2008

Olga Orozco escribió Con esta boca en este mundo, Alejandra Pizarnik En esta noche en este mundo. Marisa Negri escribe “soy un mundo invertido” y tal vez esa inversión sea el paisaje de la infancia visto desde adelante, o sea, del revés.
Ya en su primer libro Caballos de arena desplegó una solidez estética y trabajó el universo metafórico desde lo urbano hasta lo místico, desde lo íntimo hasta lo social.
En este nuevo libro nos entrega una lírica despojada, nítida y absolutamente visual.
Estuario, que según mi diccionario escolar es una porción de un río o parte del mismo en que es sensible la marea, eso que fluye y marca y no es jamás igual en el recuerdo, la niñez, sus preguntas ¿para que ponerle pasto a los camellos si hasta donde se pierde la vista hay puro campo y cielo?¿quien le lava la ropa de los reyes magos?
Vestidos nuevos que una madre cose bajo una lámpara de querosén, una caja blanca en el cementerio, cuadernos de música, minúsculos hombrecitos con guitarra
Como una sombra, como un desdoblamiento, como un contrapeso necesario para que funcione el equilibrio del mundo, nace barby, asi como hay un dios y un diablo, como existe la verdad y la mentira. Mientras esa voz, ese yo poético cruza la infancia, barby le muestra todo lo que nunca podrá ser.

La estructura de este poemario tiene una respiración peculiar, es un continuo que no se detiene, como si fueran ladrillos de historia, rectángulos como cajas de sentido, de emociones clasificadas en hitos, en pequeños momentos en apariencia intrascendentes pero a la luz del tiempo transcurrido son marcas profundas donde Marisa debajo de la mesa escribe contra el miedo en la oscuridad. Barby le susurra que el blanco engorda mientras peina papeles plateados y Marisa camina por la soga encendida y cae del lado del veneno, ese otro lado del mundo. Cae en el regazo del abuelo que llora Y su llanto es un volcán de leche desolada y huele a glostora y es de pronto su propio hijo en brazos, la sangre que continúa su árbol genealógico, su derrotero natural.
En estuario conviven dos miradas, la mirada retrospectiva del adulto, todos los filtros que la memoria encuentra para procesar la historia, los recuerdos astillados, incompletos que la memoria minuciosamente rellena hasta rescatar un film distorsionado y la mirada de la niña, que resistió fresca, inocente, y capturó cada detalle, una pelusa, un botón, un hilo verde para coser todas las preguntas en un vestidito de fiesta.
La primera parte de este libro abre con una cita de la poeta argentina Olga orozco: pero aquí estoy, sobre mi pedestal partido por el rayo vuelta estatua de arena, puñado de cenizas para que tu inscribas la señal, los signos con que habremos de volver a entendernos. La segunda parte abre con una cita de la poeta uruguaya Delmira Agustini: perenne mi deseo, en el tronco de piedra, ha quedado prendido como sangrienta hiedra; y desde entonces muerdo soñando un corazón. Ese latir es una música que no cesa a lo largo de todo el poemario, al igual que una imagen materna que todo lo atraviesa, una presencia fuerte y casi omnipresente por momentos y en otros frágil o abrumada. Cito “tu madre era una reina, el aliento del mundo se detenía a su paso y eran su boca el cielo y el infierno” “dicen las lenguas que Gardel venía hasta las quintas de merlo para probar tus ravioles con salsa de almendras”.
La infancia se repite como un piano mudo en un pueblo de provincia, no pasa nada, el mundo es la madre, los hermanos, los abuelos, las tias, el liceo de señoritas, las primitas muertas, entonces, la niña escribe “temprano la palabra hace sombra debajo de las piedras, anuncia fulgores por venir y es un murmullo que navega la casa” .
Visiones como destellos que cruzan el cielo del ayer , cito “vendrán otros días los he visto enterrar sus máscaras en el jardín quemar esta selva de papeles en la que me oculto vendrán otros días en la estación de fuego.”
La tercera y última parte de este estuario sensible a las mareas y al mínimo desequilibrio en las coordenadas de la memoria, abre con una cita de Leopoldo Marechal: Cuatro elementos en guerra forman el caballo salvaje. Domar un potro es ordenar la fuerza y el peso y la medida: es abatir la vertical del fuego y enaltecer la horizontal del agua: poner un freno al aire dos alas a la tierra. Con cierta coherencia esta parte es cosa de hombres, de caballos, de peones y patrones, de jokeys de Firpo y podio y gloria y tango, cuchilleros, estribos lomo cuero húmedo polvo donde se va perdiendo la voz de la niña, alejando en una nave hacia la tierra de la decepción, y, con barby susurrándole en la nuca, Marisa Negri, la poeta, suelta la mano de la niña y sabe que las historias no pueden contarse hacia atrás sin cruzar un puente lleno de huellas equívocas y que, para dar con las correctas, hay que pagar un peaje caro, porque ese lugar no queda en un lugar sino en el adentro donde un capullo acorazado guarda los tesoros y no te los entrega si no mostrás a cambio, extendiéndolo en toda su dimensión, el vacío que crece indefinidamente en ese territorio , cuando la infancia acaba..

Laura Yasan noviembre 2008

Estuario en la Casa de la Lectura

Una presentación de lujo con Laura Yasan e Irupé Tarrago Ros

Estuario en la Casa de la Lectura


El equipo!!

Laura Yasan
Irupé Tarragó Ros
Vanina Krakoff

gracias!!!!!!!!!!!!!

Estuario en la Galería Masottatorres


Una fiesta compartida con muchos amigos del arte y el corazón. En las fotos Verónica Condomí y Guille Ibañez cantando coplas, Alberto Muñoz y Damián Masotta acompañando con sus palabras.
Gracias a todos y a cada uno de ustedes!!!!!!!

Bustriazo Ortiz en la presentación de estuario

Una alegría enormísima e inesperada: gracias al querido poeta Sergio de Matteo, el maestro Bustriazo y su esposa Lidia se hicieron presentes en la presentación de Estuario en la Casa Museo Olga Orozco en Toay (La Pampa)
La fiesta se completó con las canciones y presentación de Luis Hardoy y los grabados de Lorena Pradal.

pero aquí estoy, sobre mi pedestal partido por el rayo

vuelta estatua de arena

puñado de cenizas para que tu inscribas la señal

los signos con que habremos de volver a entendernos

olga orozco

fe desmesurada de niña que reza en cada túmulo mientras su madre asea frenética el blanco rostro de la muerte

los bronces familiares cuelgan en racimos dorados el padre duerme entre las hortensias del río paraná

vinieron los ángeles no se trató sin embargo de una visita amistosa uno recortaba su silueta celeste a los pies de mi cama hubo espasmos tironeos venían por mi alma y ésta subía y bajaba a través del cuerpo resistiéndose a salir levantaron una columna de fuego querían asustarme yo soy la fuerza fui repitiendo con la voz quebrada de las apariciones los rojos adquirieron consistencia cierta viscosidad o luminiscencia en el humo de la noche yo soy equilibrio invoqué por las dudas un vapor tornasolado me conmocionaba el rostro apreté los dientes me tapé la cara con la almohada como si un tren se hubiese detenido en medio de la pampa el alma volvió al lugar convenido quedaron sobre el acolchado canutos descoloridos algunos botones del viejo costurero cosas de la batalla

cómo echar llave en una casa sin puertas el jardín selva inexpugnable televisión encendida crujido de motores ella ordenaba el caos ella me quería de su lado y no supe no pude lo aprendí más tarde el gesto de la abuela cerrando las persianas la siesta delantal cargado de naranjas la jaula vacía los perros el cuarto de planchar no quiero salir no voy a bañarme no debajo de la mesa el mundo es otro mundo la oscuridad huele a alcanfor escribo contra el miedo

perenne mi deseo, en el tronco de piedra

ha quedado prendido como sangrienta hiedra;

Y desde entonces muerdo soñando un corazón

delmira agustini

ah si tu madre era una reina el aliento del mundo se detenía a su paso y era su boca el cielo y el infierno confundidos la noche del baile tu padre llegó a la madrugada oí entre sueños el runrún de la dkw me despertó agitado conocí una francesita dijo y yo que le leía el peso del alma en la pisada supe que los dioses lo habían elegido la estrella del rockabilly cedía su puesto ahora los mortales tendrían una chance

la escena de la infancia se repite el piano mudo y ella en la ventana los ojos en agua el cabello suelto se ha arrancado hebillas y peinetas en un gesto de fastidio pese a quien pese volará en el graff zeppelín sola si es preciso ver desde arriba la jaula dorada la escalinata de mármol las extrañas tierras del brasil ya una vez vino a buscarla el aire el pampero y jorge newbery en mil novecientos siete alzándola antes de esfumarse tras la torre del hipódromo creyó que iba a acompañarlo tan alto tan perfumado pero él la devolvió a los brazos de su padre y angélica rompió en llanto el próximo viaje él dijo y se perdió para siempre ya una vez vino a buscarla el aire el cabello suelto la brisa en la ventana un silbido de insectos entre las azucenas